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Revista

MARCOS (4º curso)marcos

¡Yo que tantas veces me había propuesto llevar una vida que mereciese la pena, ahora el Señor me había tomado la palabra!

 

Me llamo Marcos y sí, soy seminarista. El por qué sólo Dios lo sabe, yo os contaré el como. Si esperáis una gran conversión, hechos fascinantes o acciones asombrosas de Dios, siento decepcionaros. Dios actuó en silencio.
Nací en una familia cristiana en la cual desde pequeño ya se me transmitió la fe. Una fe sencilla, propia de un niño que poco a poco Dios hizo crecer.
Yo nunca fui un niño especialmente religioso pero sí es cierto que la pregunta sobre Dios y el sentido de la vida estuvo presente desde bien temprano. Llegó un momento al inicio de la adolescencia en que lo que me daba el mundo, la sociedad no me parecía suficiente, es más no le encontraba ningún valor. Necesitaba algo más grande, más valioso; algo que respondiera todas mis preguntas y colmara todas mis aspiraciones.
Gracias a Dios, lo que necesitaba ya lo tenía plantado, era la fe y sólo hacía falta que Él la hiciera crecer. Y es que mi vida desde los doce años no fue fácil pero no puedo más que reconocer que aquel fue el medio que Dios quiso para atraerme hacia Él.
Así, mediante personas, sacerdotes y amigos de la parroquia pude ir conociendo más a Cristo, sobre todo en la catequesis de Confirmación.
Hasta aquí, mi vida puede parecer muy similar a la del común de cristianos. Sin embargo, fue la muerte de Juan Pablo II la que cambió mi historia. En aquel instante me encontraba solo en casa viéndolo por la televisión y sentí una fuerza interior que me dejó paralizado. Sentí que el Señor me llamaba a ser santo y a entregarme como el Papa se había entregado.
Él que había sido modelo en la fe ahora Dios quería que fuese modelo de seguimiento. Y es que supe que el Señor me pedía ser sacerdote.
Yo que tantas veces me había propuesto llevar una vida que mereciese la pena, ahora el Señor me había tomado la palabra!
Esta llamada se confirmó en la Jornada Mundial de la Juventud de Colonia. Allí la experiencia de universalidad de la Iglesia junto con la convivencia con los jóvenes de la parroquia y las palabras de Benedicto XVI me dejó claro lo que Dios me pedía.
Y así dos años después, al empezar 2º de Bachillerato, tras hablarlo con los sacerdotes que Dios puso en mi camino decidí empezar introductorio para que fuese la Iglesia quien me ayudase a cumplir lo que Dios quería de mí.
Y es que ante Su llamada: “No pude decir que no” .

Marcos Torres Fernandez

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