ANGEL (3º curso) 
“Estaba ya planeado por Dios desde el principio para que yo fuera mas consciente, no de mi vocación, sino de mi historia de salvación que creo es la que al final marca cual es, dentro de la vocación a la santidad, la manera en que el Señor estará contigo y tu con Él“
Me han pedido que cuente un poco mi testimonio y para empezar quiero resumirlo dicienmdo que en mi vida existe un AC y un DC, es decir un Antes de Cristo y un Después de Cristo
Antes de ser catequista la fe se fue desarrollando en mi familia. El encuentro personal con cristo ya considero que es pura misericordia de Dios conmigo, pero como en todo buen hogar lo de la Fe desde pequeño, me fue inculcada como algo importante que yo debía elegir libremente pues no se me obligaba a apuntarme a nada de la parroquia. Parece casi un milagro que me este planteando la vocación al Sacerdocio, pero a decir verdad, siempre me apoyaron en los momentos de elección, como precisamente es este.
Mi verdadera “ iniciación en la fe” tuvo lugar en la facultad justo el año que me hicieron catequista pase a la universidad.
El desarrollo de mi vocación es algo que estoy convencido estaba ya planeado por Dios desde el principio para que yo fuera mas consciente, no de mi vocación, sino de mi historia de salvación que creo es la que al final marca cual es, dentro de la vocación a la santidad, la manera en que el Señor estará contigo y tu con Él.
Comencé como ya he dicho mas arriba bajando a la parroquia por que mis padres me apuntaron, y allí, pues bueno, de lo que recuerdo me hablaban de un Jesús que quería ser mi amigo, cosa que me llamaba la atención, de hecho con 10 años yo quería ser cura. Hice la comunión en total libertad, yo dije que quería hacer la comunión y que no me importaba heredar el traje de mi hermano, ni los regalos, ni nada. Después de la comunión pasó el verano y al volver, mi padre fue el que me apuntó a catequesis por que la verdad no tenía amigos y era un lugar donde los acabaría teniendo, pasaron los años y yo cada vez tenía menos ganas de seguir hasta que llegó el año de apuntarse a la etapa de confirmación. Ese año yo ya no quería seguir por que mis dos amigos la verdad no me aportaban nada y no quería ni estar con ellos, pero de nuevo mis padres me dijeron, tu prueba este año y si ves que no quieres seguir pues al año siguiente lo dejas y ya está. Pasé un año que la verdad no recuerdo, sólo se que a partir del año siguiente ya no era mi padre el que quería apuntarme sino que era yo el que quería bajar. Pasé otros dos años y en el tercer año yo empecé a salir con los que creí eran mis amigos. Ese año fue especialmente duro, mis catequistas cada vez eran mas pasotas, los jóvenes estaban con el animo subido, y nada invitaba a seguir, salvo una frase que ha marcado de una manera muy significativa mi vida de Fe aunque durante la mayor parte del tiempo yo ni lo he sabido, es de la Santa Madre Maravillas de Jesús y dice así “lo que tu quieras, cuando tú quieras, donde tu quieras”. Terminó el año y uno de mis amigos se marchaba a estudiar fuera, su novia lo dejaba y yo claro me quedaba sin amigos, otra vez, pero algo me dijo que aguantara que ya me confirmaba ese año y que después lo podría dejar en paz. Ese año fue realmente insoportable, no aguantaba a mis catequistas. En ese año empecé de nuevo a tener amigos y a salir por ahí. De ellos, alguno sigue en la parroquia y otros pues de uno hace mucho que no le veo por que marchó y la otra amiga la suelo ver de vez en cuando.
Llegó uno de los momentos mas duros en los que me toco fiarme de Dios, de un Dios del que realmente no sabia nada. Es mas la confirmación hasta que no vino el vicario no supuso nada para mí. El momento fue cuando nos dicen que viene el Arzobispo Don Antonio María a confirmar en la parroquia en Diciembre, yo me puse muy contento por que dije “genial en Enero adiós parroquia” pero Dios en su fabuloso plan decidió confirmar a unos niños de 12 años a los que automáticamente cogí manía, pues por ellos tenía yo que esperar hasta mayo, de hecho no fui a la confirmación, pues yo estaba totalmente en contra. Pasó el tiempo y me propusieron ir al camino de Santiago con la Diócesis. Convencí a una amiga, que luego resulto no serlo, para apuntarnos y allí que nos fuimos. Llegó la confirmación y en la convivencia aprendí por boca de Dios aunque yo no fui capaz de verlo, lo necesario para poder ser confirmado. Me confirmé y nos fuimos al camino de Santiago. En el camino de Santiago lo pasé horriblemente mal, tanto físicamente como socialmente, pero he de decir que se me abrieron horizontes, descubrí lo que era ser cristiano, lo que era ser querido por otro alguien sin esperarlo, o sin necesidad de ser el guay del grupo, simplemente por ser uno mismo,. Pero la otra cara de la moneda fueron los diáconos y sacerdotes que nos acompañaron, el uno que nos iba haciendo la vida imposible y el otro que quería que fuéramos siempre a todo lo de oración, pues la verdad es que me agobié mucho y me fui ese año a la playa con una mala imagen de los sacerdotes, de hecho yo no quería ni volver por la parroquia, pero sin embargo, se despertó la sed del encuentro con Cristo, me acuerdo de un momento al termino de una marcha, en la que terminábamos en un monasterio, había que ir a rezar, yo no quería y el diácono, Miguel Ángel me dijo; “vente a la oración, aunque te duermas, te servirá de mucho, más de lo que tu te crees”. Le dije que ni hablar, que yo prefería quedarme por allí tirado, pero la verdad es que me sentí llamado a ir y no sabía por qué, el caso es que me levanté y fui. No sentí nada especial, sólo sabía que estaba agusto. Aunque a decir verdad, el camino de Santiago, en lo que a la vida se refiere, me enseñó a valorar cosas que antes era incapaz de valorar. Terminó el camino de Santiago, muy emocionante todo, pero yo seguía en mis trece de no volver a pisar una Iglesia.
Y es en este punto donde yo considero mi verdadero inicio en la Fe. Al volver de la playa, pese a mis “razones” de no volver a pisar la Iglesia , algo me impulsó el primer día de misa de niños a bajar, y claro, en la salida te encuentras con la gente con la que has vivido el camino, te entretienes y en esas apareció Juanjo, el coordinador de la etapa de confirmación, y aún recuerdo las palabras exactas, “oye Ángel, vas a ser catequista” en ese momento se me vino el mundo encima, era algo que yo no había pedido, que yo no quería y que además yo no me esperaba por ningún remoto casual. Y aún no sé por que tuve la imperiosa necesidad de decir que si. Y fue en ese momento en el que con 18 años recién cumplidos le decía a Dios, sin yo saber que ya alguien lo había dicho, “Señor, que soy un chaval súper joven para la confirmación, y ni siquiera te conozco para hablar de tus cosas”, y el Señor lo único que hizo fue sonreír. Empecé como catequista con la hermana Isabel pero me quedé sólo ante un grupo de 17 chavales, de los que además me entero, habían sido confirmados por el Arzobispo, cuando me tocaba a mí. E ironías de la vida ahora yo les tenía que dar ejemplo, y lo más difícil, hablarles de cosas que yo ni sentía, ni vivía, ni compartía. En este punto comienza mi dirección espiritual con Miguel Ángel Torrente. El primer año tuve de compañera a la hermana Isabel, que por motivos personales me dejó sólo frente a los chicos un montón de tiempo y tuve que arreglármelas sin tener ni idea para llevarles lo que la Iglesia quería que les llevara. Además ese año empecé en un grupo de jóvenes, en un grupo de revisión de vida que resulta ser poco más o menos un fracaso ese año, pero que sigue siendo mi grupo hasta el momento presente. Pero empiezas a conocer a personas que ahora son mis amigos, y que sorprendentemente son precisamente los que me caían tan mal, pero que por algún motivo Dios me regalaba en ese momento. El segundo año estuve con Carlos (el Inca) que ahora es Sacerdote en Panamá, en ese año también me tocó vivir grandes cosas como el hacer frente a lo que yo llamaba un pequeño Si. Durante el año fui creciendo con los chavales en la Fe , en la dirección espiritual, en el encuentro personal con Cristo, fui a los primeros ejercicios espirituales, que para mi era algo imposible de realizar, por que eso de estar callado no se me da nada bien. En los ejercicios espirituales fue la primera vez que yo escuché a Dios, la Paz , la cercanía y el cariño que yo sentí aquellos días, acompañados de una alegría inesperada eran inexplicables. Y además Dios me puso el regalo de Miguel Ángel Arribas en aquellos días de ejercicios, y digo que fue un regalo por que me encontré con un sacerdote totalmente distinto a lo que yo había conocido. Después de estos ejercicios llegó la convivencia de preparación de las confirmaciones y yo sin esperarlo tuve que dar testimonio, de nuevo fue gracia de Dios, por que ni lo pedí, ni lo esperaba, ni quería hacerlo. En aquella convivencia, estaba en Paz con Dios y tenía una alegría que no me podía ni explicar, yo escuchaba con una claridad increíble lo que Dios me pedía. “te necesito” que ya había resonado por primera vez con Juan Pablo II en Cuatro Vientos. Ante esa llamada yo ni respondí me limite a hacer caso omiso. Llegó el momento de dar el testimonio, les hablé de mi experiencia que esta aquí desarrollada pero había en mi alma algo que no encajaba, ¿cómo tenía el morro de hablarles de entrega en mi vida, si lo que Dios me pedía yo le decía que no? Y se produjo la primera necesidad de decirle a Dios que Si, pero lleno de miedo le dije que no. Justo al día siguiente, un 22 de Mayo estaba yo en la capilla de la facultad de filología de la complutense, eran las 10´30 de la mañana y no pude seguir diciendo que no, y le dije que Si, no sabía ni a que, ni cuando, ni porque, me daba realmente igual, solo sabía que me necesitaba y que yo no podía desoírle. Fui a hablar con Miguel Ángel Torrente y comenzó un discernimiento difícil y largo en el que Dios ha ido haciendo de las suyas para confirmar la vocación. Es año comencé una oración mas seria, aprendí a ser perseverante, y fue aumentando en “calidad” a una velocidad vertiginosa, cada vez más, sentía su mano dentro de mí, podía notar como Cristo lo sujetaba y lo limpiaba, tuve momentos de desierto muy difíciles, pero que me resultaron muy útiles para darme cuenta de lo poco que valgo y de cuánto necesito a Dios. Con todo esto yo quería por primera vez la inmediatez, pero me dijo Miguel Ángel que no estaba preparado y que debía esperar, y con alegría esperé. Durante ese año fueron pasando grandes cosas, de las que recojo las más importantes, la primera fue allá por Octubre o Noviembre en el que yo veía que Dios no me pedía una entrega total como tal, sino que me pedía algo más. Una tarde en la capilla me di cuenta de que Dios quería mi pecado, me prometía hacer algo grande con el si yo me fiaba de su palabra. Con muchísimo miedo le abrí mi corazón, y entró, valla si entró, me trajo la alegría de saber que en Dios mi pecado, el que tenía y el que iba a tener, ya no sería igual, por que Él me sostenía. Salí de la capilla fui al templo y Miguel Ángel me pidió que acolitase por que no había nadie que le ayudara, me revestí y salí, y de nuevo Dios obró un pequeño regalo para mi vida y fue poner su cuerpo en mis manos para que lo llevara a mis hermanos. De nuevo yo no lo quería, no lo había pedido y no lo esperaba, pero Dios me puso frente a un montón de gente distribuyendo su cuerpo. Ese día Dios me lo pidió a mi, me hizo ese regalo, de hecho cuando lo hablé con mi director se rió un montón y fue de hecho él, quien me dijo que eso había sido cosa de Dios sin duda alguna. Desde ese momento me sentí llamado al servicio en el altar, y no he faltado ni un solo día desde aquel momento. Mas adelante entre varias ratificaciones de mi Si, ocurrió una que fue también particularmente destacable. Estaba yo de nuevo frente a Él, en la capilla de la facultad y le pregunté “¿Señor que quieres de mi, que quieres que sea para ti? Y al agachar la mirada me encontré tirada a mis pies una diminuta flor, parece súper cursi la situación, pero en una capilla, donde lo único que hay es el santísimo, y unas flores estropeadas bajo la virgen, encontrarse esto es muy raro, en ese momento me di cuenta de que Dios me pedía ser mas humilde, mas pequeño, mas desapercibido, no me quería por mis grandes cosas sino por las pequeñas.
En medio de estos detalles de los que esta lleno el año, y que espero, este llena la vida, fui dándome cuenta de lo mucho que me amaba Dios, y me fue llenando de una alegría interna que no se ni explicar, fui a los ejercicios de Diciembre que no me sirvieron mas que para conocerme mas a fondo, las convivencias, la acampada… y por fin un verano que está marcado por una reiteración de la llamada, me fui de campamento a los Picos de Europa y nada mas empezar el campamento, Dios se hizo notar, según llegamos montamos las tiendas y a la hora de repartir, de nuevo sin yo pedirlo, sin yo quererlo y sin esperarlo, me tocó la tienda del cura que es Pj, y de raul que entraba ese año en 1º y lo importante del asunto es que el Señor dormía con nosotros en nuestra tienda, y para mi eso fue de nuevo una afirmación de lo que estoy llamado a vivir. El poder darle un beso cada noche con el resto de los monitores también ayudo mucho en el discernimiento. Pasó el tiempo y sin que nadie hablara con Don Julián el Obispo de León, se presentó en el campamento sin ninguna intención mas que saludar, y gracias a uno de los chicos que fue quien le invitó, se quedó a celebrar la eucaristía, de nuevo un regalo de Dios, por que la homilía fue sobre los miedos, la alegría y la incertidumbre dentro de la llamada.
He de decir que desde que distribuí por primera vez a nuestro Señor, mi corazón no ha dejado de sonreír incluso en los momentos de más incertidumbre y de pecado. No puedo olvidar una confesión con el padre Don Santiago, al que le confesé mucho antes de mi testimonio, que sentía la llamada, pero que no le decía que si a Dios por miedo, él me dijo que eso no podría ser así mucho tiempo, la verdad es que me animó mucho, me dio la libertad para elegir, de que la que no fui consciente en ese momento.
Después del campamento, fui a Lourdes, allí encontrarse con la madre, fue de las mejores experiencias, al ver a enfermos mas alegres que las personas que íbamos “sanas” fue de las cosas que mas me llamó la atención y que mas reafirmó mi vocación pues me di cuenta de que Dios no había abandonado a nadie, al contrario, eran testimonios indirectos de la misericordia de Dios. Después marchamos a Taize, comunidad ecuménica que también estuvo llena de afirmaciones, allí viví mi vocación de otra manera, pues vi que no estamos llamados cada uno a una cosa, sino que todos estamos llamados a la santidad, a la unidad en Cristo, al amor y al respeto mutuo. Entre medias de esa semana fuimos a Ars, momento muy emocionante, el encontrarse con el que algún día puede que llegue a ser mi patrón, pues invita a preguntarse muchas cosas, sobre todo intentar saber si lo que tienes entre manos es tuyo o no lo es, y Dios de nuevo sorprende con la vocación de un hermano, Jorge, que nos dio su testimonio. Lo cual confirma que en estas cosas el Señor no te pone sólo sino que siempre aparece alguien con el que recorrer y compartir el camino.
Después marchamos a Montserrat, donde aprendí de nuevo que nunca se debe juzgar a la persona por su apariencia, ya que allí no hay distinción entre turista y peregrino, todos son “visitantes”, por que tienen la certeza de que la madre ha estado esperándoles desde siempre a que pasaran por delante de ella.
Después me fui de nuevo a la playa y allí tuve la suerte de poder mantener la oración, la eucaristía el sábado por la tarde y de tener que responder a preguntas del tipo ¿y cuando te metes a cura? Que la verdad sorprenden y más cuando ni siquiera se lo has dado a entender a las personas que te lo preguntan, entre otras razones por que durante el año no tienes relaciones con ellas. Después del verano, regresé a Madrid con más disponibilidad que nunca, como decía la Santa madre Maravillas, “lo que tú quieras, cuando tú quieras, donde tú quieras” y con esa disponibilidad me enfrentaba yo al curso. Mi director me dijo que aún no debía hacer el introductorio este mismo Septiembre, pero yo cada vez que quedaba con él, me acercaba a la capilla y le pedía a Dios que no se cumpliera nuestra voluntad, sino la suya, y de hecho así esta siendo. Sin yo esperarlo, sin pedirlo y casi me atrevería a decir que en el fondo ni siquiera lo quería por que supone complicarse la vida, me enfrenté a la realidad de empezar el introductorio. Pero en una oración en Rodrigo de Chavela el Señor me regaló la Paz , para afrontar la realidad con mi familia, y para poder acercarme al seminario, que por cierto, me producía pavor.
Ángel Amigo García

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